Carta de Adviento del Padre Álvaro

Publicado el 18/12/2019
adviento

Cusco, 27 de Noviembre de 2019

Fiesta de la Virgen de la Medalla Milagrosa

 

 

Entramos en el tiempo de Adviento. Momento de ofrecer y de recordar, tiempo para comenzar a hacer una evaluación personal sobre el año que termina.

La misión no solo continúa, sino que se vuelve más compleja. Nuestras hermanas, además del Colegio “Santa María Goretti” y del Hogar “Santa Teresa”, tienen misiones permanentes que les permiten apoyar a unas treinta y siete aldeas.

Nuestros Sacerdotes y Hermanos están muy comprometidos en el Colegio de varones “Francisco y Jacinta Marto”, el Internado “San Tarsicio” y siguen su trabajo misionero en diversas aldeas de la Alta Cordillera.

 

En cuanto a las familias misioneras, su trabajo es discreto, pero muy efectivo, apoyando, entre otras cosas, en las actividades de los colegios de varones y mujeres.

 

Este año tuvimos la visita del Nuncio Apostólico, acompañado por nuestro Arzobispo del Cusco, Monseñor Richard Daniel y nuestro Padre Comisario Juan José. Fue un día de gracia, nos enseñaron cómo a través de ellos lo cerca que está la Iglesia de nosotros por su apoyo, su cariño y sus consejos.

 

El 18 de agosto pasado se ordenó un nuevo sacerdote MSP, el Padre Carlos, colombiano. Fue una gracia inmensa para nosotros y para la Iglesia. Un nuevo sacerdote que podrá llevar los sacramentos a los más necesitados, nuestra fuerza en la misión basándose en el amor a la Eucaristía, a la Virgen María y la Iglesia.

 

Nuestra labor como Misioneros Siervos de los Pobres es constante. Vivir aquí en Cusco, a 3500 metros sobre el nivel del mar, no es una cosa fácil. Por supuesto que estar entre los más pobres es una grande gracia. Podríamos decir que muy a menudo los pobres son nuestros maestros. Cuántos padres de familia, viviendo en un estado de extrema pobreza, nos dan el ejemplo de una alegría que nos sorprende cuando nos jamos en las condiciones miserables en las cuales viven. Tenemos una gran responsabilidad hacia ellos.

 

Dar no es solo regalar bienes materiales, es sobre todo darnos a nosotros mismos, con nuestra pobre fe, con nuestra vida. Es seguir diciendo "presente" aunque estemos realmente agotados y ya no podemos más. Pero es lo que el Señor nos pide, día tras día, seguir sonriendo a pesar de toda la fatiga.

 

Hace poco leí, en los escritos de San Juan Bosco, una idea que me impactó mucho. Decía: “Acostumbran los doctores de la Iglesia a comparar con el martirio los votos religiosos, diciendo que es tanto el mérito del que hace los votos como el que recibe el martirio, porque lo que a éstos les falta en intensidad lo tienen en duración”. Ycomprobamos que así es en verdad: nuestra consagración a Dios (a través de la profesión de los votos) implica, en nuestra misión a los pobres, un entregarnos poco a poco. Entregar nuestro tiempo, nuestras fuerzas, nuestro todo; en denitiva, todo lo que hemos recibido de Dios, se lo debemos devolver a través de los pobres. Hemos recibido mucho de Él así que nos pide dar mucho, y viviendo únicamente de la Santa Providencia, se vuelve una magníca “locura” de Dios. Todos nuestros centros son totalmente gratuitos.

 

Tenemos algunas anécdotas que contarles, como por ejemplo esta historia recientemente compartida por uno de nuestros colaboradores. Él había escuchado que, en nuestras misiones, a veces damos un poco de agua de la gruta de la Virgen de Lourdes (que a veces nos mandan desde Francia) a las personas que sufren algún mal incurable y se dio cuenta que muy a menudo ocurren milagros. Así que ese colaborador nuestro nos pidió de esta agua para un amigo que vivía en la selva. Su amigo tenía convulsiones muy frecuentes, de estilo epiléptico, muy fuertes y espantosas desde ya hace más de 40 años. Así que le hizo llegar una botellita de esa agua sin ninguna explicación. Quince días después fue a visitarle, y se encontró que lo esperaba toda su familia. Le agradecieron calorosamente por esa “medicina” tan eciente que habían recibido. De hecho, en el momento que bebió unas gotas de esta agua, se curó de inmediato. Tuvo que explicarle que esa curación milagrosa se la debía a la Virgen María.

 

Para nosotros es muy alentador ver cómo evangelizan nuestros colaboradores y ver las respuestas que les da el Cielo. “Todo es posible para el que cree” (Marcos 9, 23).

 

Aunque creo sinceramente que uno de los mayores milagros que podemos experimentar cada día en carne propia es el de la perseverancia de cada uno de los que vivimos una rutina de trabajo y misión, y además hacerlo tratando de conservar la serenidad y la alegría. Le agradecemos al Señor permitirnos servirlo aquí en la Cordillera de los Andes; es realmente un gran privilegio, una gran predilección de Dios.


…Cuando veo a nuestras Hermanas que, sin quejarse, con una sonrisa, pasan la noche y el día cambiando pañales, cuidando a los enfermos, trabajando incansablemente en el Colegio. Y luego salir durante una semana de misión en pueblos perdidos, durmiendo bajo tiendas de campaña, con el frío intenso de las alturas.

…Cuando veo los Sacerdotes y Hermanos quienes, además de cuidar diariamente a unos treinta niños internos, comparten con alegría sus sábados y domingos en un tiempo de convivencia o un retiro con jóvenes de la ciudad y de la zona, a menudo en grupos muy numerosos (…gracias a Dios!), dándoles comida, lavando platos, jugando con ellos, permitiendo así a esos jóvenes de recibir los sacramentos, confesándose y participando de la Santa Misa.

…Cuando considero la labor tan escondida de nuestras familias misioneras las cuales se encargan de visitar las numerosas familias necesitadas de los dos colegios, que proporcionan diversos cursos y catequesis en los salones, que son tutores de los alumnos, alumnas y de sus respectivas familias, que están presentes en los comedores y centros técnicos, etc. y que además participan de las Santas Misas del domingo con sus hijos enseñando, después de la Misa, en pequeñas catequesis a las familias presentes, los valores y virtudes cristianas de la Santa Iglesia Católica. En n, son en el mundo de hoy, modelos de familias entregadas a Dios y a los demás.

La mayoría de nuestros misioneros se alejaron de su país, de su familia de origen y de su cultura para servir a los más necesitados del Perú, y especialmente los de las regiones del Cusco y Apurimac.

Como otro ejemplo de entrega silenciosa y que pasa desapercibido quiero hablar de una de nuestras colaboradoras. Debe ser la mayor de todos nuestros empleados (nosotros les llamamos “colaboradores”: profesores/as, enfermeras, asistentes sociales…). Debe tener casi unos cuarenta años de presencia en nuestra congregación. Trabaja desde siempre con las Hermanas, lava las ventanas, limpia los pisos, las ocinas, etc. Trabaja con sencillez, una gran sonrisa en los labios. Es constante, siempre presente, siempre amable. Es el encanto de las niñas y adultos. No se da cuenta de la alegría y del amor que siembra a su alrededor. Es una persona sencilla, haciendo cosas simples.

Es un modelo de santidad para todos nosotros.

Ojalá pudiéramos nosotros también llegar a este grado de sencillez y amor en todas las cosas, hasta las más insignicantes que nos propone a diario el Señor.

Les compartimos nuestra alegría de servir.

En nombre de todos nuestros pobres, colaboradores, niños, jóvenes y misioneros, les deseo un santo tiempo de Adviento, unas hermosas estas navideñas y un año 2020 lleno de todas las gracias que les sean necesarias.

Sepan que les necesitamos más que nunca para poder seguir esa obra de Dios y de su Santa Madre   y les invitamos a visitar nuestros centros de Cusco. ¡Gracias!

SANTOADVIENTO, FELIZ NAVIDAD, YFELIZYSANTOAÑO NUEVO

¡Que el buen Dios me los Bendiga!

Padre Álvaro de María, msp Superior de los MSPTM.