Colegio Santa Maria Goretti

Publicado el 01/05/2019
goretti comedor

Cuando las chicas llegan al comedor, están felices  porque  por fin, se acabó el día de clase, y sobre todo porque, para muchas de ellas, es la única comida sustentada del día, fuera del desayuno y refrigerio que les reparte también gratuitamente el colegio.

Un día, era el fin del almuerzo, dos niñas no habían todavía acabado de comer. Como lo quiere la norma del colegio, ellas no podían irse sin haberse comido todo el plato. Me había yo quedado también en el comedor porque me tocaba almorzar, y vi las dos niñas venir a mí.  Una, corriendo,  para enseñarme que su plato estaba vacío y la otra para “chismosear” y acabar su comida a mi lado. La que corría chocó tan fuertemente con su compañera que el plato todavía lleno se fue volando. Hubo un silencio. Luego las miradas bajaron hacia el suelo. Se esperaban la bronca y el castigo merecido porque saben que está formalmente prohibido correr en el comedor y que se tenía que haber acabado el plato en el mismo tiempo que los demás.  De otra parte, el desastre del plato lleno echado en el piso se merecía, por lo menos, una buena llamada de atención.

Hubo un silencio de parte suyas y sobre todo de parte mía. Mire el desastre. Las dos niñas a la vez empezaron a querer culparse la una a la otra. Les explique que las dos eran culpables, una por haber corrido que se le estaba prohibido y la otra por no haber terminado su plato a tiempo.  A cada una les di su “castigo” explicándole que las dos estaban responsables del desastre así que las dos tenían que arreglarlo. Les mande buscar dos escobas y un recogedor.  Yo mismo les ayude en limpiar. Y… les agradecí de haberme ayudado en esa tarea. Vi sus miradas, primero de sorpresa, luego de agradecimiento. Me dieron un abrazo y se alejaron cogidas de la mano.