Fraternidad de familias MSP

Publicado el 26/07/2019
Salazar

Nos visitaron en la parroquia más de 100 jóvenes misioneros. Pasados los momentos de programación y distribución de actividades y barrios donde servirían… quedaron sin misioneros los 2 ranchos más alejados de la Parroquia. Cuando el párroco cayó en cuenta de esta situación publicó un mensaje (en el grupo coordinador básico)  preguntando por “voluntarios” capaces y dispuestos para que allá pudieran llevarse a cabo las celebraciones. Se necesitaba auto y no había oferta de alojamiento. Sin ponernos de acuerdo, nos ofrecimos tanto las Hermanas como nosotros, por separado, con la reserva de ayudar solo si no había otra opción. Al final, el párroco nos puso como “choferes” de las Hermanas… así que pudimos asistir tanto ellas como nosotros a ambos lugares, lo que nos pareció ¡genial!.

Y resultó ser una experiencia muy enriquecedora.  San Lorenzo: Una muy pequeña población, donde por varias razones la gente ha ido emigrando hacia la ciudad (no hay escuela para los que terminan secundaria, no hay trabajo, la gente se dedica a cuidar una zona con árboles frutales -mangos- y cada temporada de cosecha los vende…) y queda muy pocas familias viviendo ahí. Terminamos con una sensación de tristeza y soledad comunitaria. Huaxtla: Supieron aprovechar para bien común un manante de agua caliente. Los asesoraron bien y ahora tienen flujo de personas que vienen a pasar un día en el campo, en zona limpia, con pasto y varias albercas, área para estacionar el auto y no muy cara. Un éxito. Pese a que tienen también árboles de mango, no es el único ingreso y fuente de trabajo. La gente aspira a crecer aquí mismo. Valle de los Molinos: Si bien nos mandaron a esos dos pueblos, nosotros ya teníamos cosas qué hacer en nuestro lugar “oficial” de apostolado: Valle de los Molinos. Los números ahí son altos, pero no lo más importante.

Es que cada vez viene más gente y se van involucrando poco a poco. El gran remate fue en Valle: más de 600 personas, el viento tan fuerte que no podíamos acomodar la imagen de Jesús Resucitado: volaban las cortinas que lo cubrían, y hasta el toldo que usamos para acomodar la imagen tuvo que ser sostenido por el Sr. Héctor y uno de los jóvenes misioneros que vinieron. Muy fuerte el viento. Al final los jóvenes, no solo los que estuvieron en Valle, sino todos los que estuvieron en la parroquia, no se querían ir. Los de Valle se quedaron una media hora después de recoger las cosas, cantando muy felices por la oportunidad de compartir esta fiesta con tantas personas. Fue muy bonito ejemplo y ayuda en la evangelización. Qué sacamos como conclusión? Sí hay personas sensibles, muchos de estos muchachos tenían esta misión como su primera experiencia. El número que dio el párroco fue así: 120 jóvenes misioneros de San Juan Macías. Que Dios los bendiga!