Publicado el 18/01/2018

Federico (el nombre es ficticio) nació el 28 de octubre de 2009 en el distrito de Santiago en el departamento de Cusco. Los padres del menor se llaman Samuel, de 24 años de edad, y Lucía, de 23 años de edad. La situación del niño es delicada: su madre se fue con otro hombre hace aproximadamente dos años.

Luego de lo ocurrido el niño se quedó con su padre y su abuelo paterno. Sin embargo, un buen día el padre le pidió al abuelo que se quedara con el niño, porque él quería ir a trabajar, y ya nunca más volvió. Esto ocurrió en el año 2014. Desde entonces el abuelo ha estado cuidando a su nieto.

Sin embargo, al final ha tenido que entregar al menor a las autoridades judiciales, puesto que ya no tiene medios económicos ni las fuerzas físicas necesarias para educar eficazmente a su nieto. Federico no tiene hermanos. Además el niño no recuerda a ninguno de sus padres pues éstos lo abandonaron cuando el niño era aún muy pequeño –cuatro años, aproximadamente-. El chiquillo aparentemente asistió muy esporádicamente a una escuela básica, aunque no afianzó mucho sus conocimientos.

Recién está aprendiendo a leer. Se ve un niño tranquilo, amable, aunque no habla mucho. Es posible que en la casa de su abuelo paterno no tuviese mucha comunicación con niños de su misma edad. Asimismo, se le ve muy feliz cuando juega en el parque o cuando va a la piscina. A veces no entiende las reglas de la casa, pero ya irá acostumbrándose paulatinamente. En cuanto su vida espiritual, el niño llegó sin ser bautizado. Asimismo, va aprendiendo las oraciones poco a poco; seguramente que en su casa nadie antes le habría enseñado a rezar.

También se siente feliz cuando acolita en la Misa. Oremos por este niño, para que se adapte bien al Hogar y también para que especialmente sus padres puedan arrepentirse por lo que hicieron con su menor hijo. Padre Raúl González de Olazabal, msp Es verdaderamente grande la tarea que el Señor nos ha encomendado. De hecho, como escribió el Padre Giovanni Salerno msp en su libro Misión Andina con Dios (Parte II: Amor por los niños), “si desde el comienzo de la fundación de nuestro Movimiento, no nos hubiésemos encargado de todo corazón de todos estos niños pobres, huérfanos y abandonados, ellos hoy serían unos individuos dejados a merced de sí mismos, sin ningún oficios, ociosos y llenos de vicios”.

Quiera Dios que la educación recibida en nuestras casas y el amor del que está rodeado convierta a Federico y a los otros niños del Hogar, en unos buenos ciudadanos y santos cristianos (como decía San Juan Bosco, a cuyo método educativo nos queremos inspirar).